

Guitarras clásicas y flamencas construidas enteramente a mano por la familia Vicente en la Cuesta de Gomérez, Granada — tres lutieres, un banco, desde 1932.
En esta casa nada se hace con prisa. Una guitarra sale del taller cuando canta — y ni un día antes.
Antonio Vicente abrió este taller en 1932, doce puertas Cuesta de Gomérez arriba, donde la calle sube desde Plaza Nueva hacia la Alhambra. Los turistas pasan de camino al palacio. Los guitarristas se detienen aquí.
Hoy trabajan tres lutieres en un mismo banco: un padre y sus dos hijos. Cada tapa se afina golpeando y escuchando, cada roseta se corta a mano, cada acabado se tiende en capas finísimas de goma laca. Lo que usted encarga no es un instrumento. Es una voz que se está decidiendo.

El taller · The workshop
«Mi abuelo decía que la Alhambra enseña paciencia. Primero la piedra, luego la madera, luego el sonido.»
El taller guarda las maneras antiguas de la escuela granadina: tapas envejecidas bajo el tejado durante una década, aros doblados al hierro caliente a puro tacto, mástiles tallados de una sola pieza de cedro. De esta casa salen menos de treinta guitarras al año.
La familia · The family
Cada guitarra Vicente pasa de principio a fin por las manos de una sola familia — y va firmada por dentro de la boca por el hombre que la construyó.
La etiqueta · The label
Cada guitarra lleva la etiqueta de la casa por dentro de la boca: la marca de la familia, el año, su número en el libro y la mano del que la construyó. Nada sale sin nombre.

El oficio · The craft
El abeto, el ciprés y el palosanto envejecen bajo el tejado del taller diez años antes del primer corte. La madera decide cuándo está lista.
Cientos de láminas teñidas se agrupan, se cortan y se incrustan a mano en un mosaico que no comparten dos guitarras.
La tapa se rebaja a décimas de milímetro, se vareta en abanico como los viejos maestros, y se afina a golpe y oído.
Las cintas de madera se doblan sobre el hierro caliente a mano y a puro tacto — en el instante en que la madera cede, la forma está ganada.
La goma laca se tiende en capas finísimas durante semanas, sacada a brillo con la palma — un acabado que no pesa nada y no esconde nada.
Encargos abiertos · commissions
Cuéntenos cómo toca — repertorio, pulsación, las salas donde toca — y la familia construirá para sus manos. De este taller salen menos de treinta guitarras al año.
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